El Martes Santo comienza a gestarse mucho antes que el día llegue. Es mucho el trabajo que hay que realizar y que apenas un par de manos se encargan de realizar. Es el trabajo callado y que casi nadie ve, pero imprescindible.
Desde que se elige el exhorno floral, hasta que se ordena la candelería; desde que se viste a la Madre de los Dolores, hasta que se colocan las jarras en el paso; desde que se colocan los varales hasta que se eleva el palio para ser colocado; es mucho el trabajo que se realiza. Sería ingrato no agradecer este esfuerzo que realizan todas estas personas.
Y así llega el Martes Santo de 2010. Setenta años haciendose presente Nuestra Señora en la semana de pasión pozoalbense.
En la mañana se últiman los detalles y la mesa petitoria llama a la generosidad de cofrades y devotos. Las camareras hacen una gran labor; reforzada por el grupo de cofrades más jóvenes que reparten estampitas por la calle, anunciando que María Santísima de los Dolores estará en la calle esa misma tarde.
A las siete y media comienzan a llegar la primeras hermanas a la Parroquia de Santa Catalina, para celebrar la Eucaristía preparatoria a la Estación Penitencial. Aún son muchas las que no acuden a esta cita, lo cual deja un poco incompleta su participación en los cultos externos de este día.
Al termino de la celebración, presidida en esta ocasión por D. Antonio Rides SDB, se comienza a organizar la comitiva. Son muchas las Hermanas que ya comprenden la importancia de la «papeleta de sitio» y siguen sus instrucciones, pero aún hay que seguir trabajando en ello.
Sin duda hay que destacar el cada vez mayor número de hermanas que optan por vestir el hábito de nazarena, clásico de nuestra Cofradía; y como se va rejuveneciendo la edad media de quienes lo eligen.La presentación del hábito servita ha impactado sin dejar indiferente a nadie; sin obviar las críticas negativas, la mayoría son positivas y valoran el esfuerzo por dar un caracter más coherente con lo que pretendemos transimitir.
Nuestra femenina corporación crece, y como cualquier persona, tiene que aprender de sus errores. Hay mucho que mejorar: cuidar que los hábitos se vistan adecuadamente, mejorar algunos aspectos de organización, ajustar horarios, ... Rectificada la estabilidad del paso hay que trabajar en la reforma de la poyera que contribuiría a mejorar la presencia de la Bendita Imagen sobre el paso.
No podemos dejar pasar esta crónica sin reconocer el trabajo de los hermanos servidores, ese grupo de personas que se encargan de que todo esté listo: controlan la entrada en el templo, abren y cierran puertas, recorren el camino con nosotros cuidando de los imprevistos, etc.



